Historia de juguetes

10937943_8d3921e234_z

 

 

 

 

 

Y tú, muñeca de porcelana.

Jugando a las cartas con mi corazón,

apostando mi alma por sortilegios de plata,

subastando mis noches al por mayor.

 

Y yo, muñeco de paja.

siguiendo tu ritmo a rimas de dos,

soñando con fases de lunas vencidas,

huyéndole al viento que el pasado heredó.

 

Y somos, actores de un juego.

Borrando cenizas donde escasea el sol,

entre sombras de lo que fue tu reflejo

sumerjo el ápice de lo que llamas amor.

Anuncios

Día a día

Hoy todo me ha parecido diferente. Las hojas de los arboles cayendo descuidadamente sobre la acera, la luz del sol sentenciando la mañana, el ruido de las calles despertando la ciudad, tu recuerdo en cada esquina, incluso en aquellas esquinas donde nunca estuviste antes. Tal vez te amé, tal vez te quise, tal vez ninguna de las dos o tal vez ambas. Pensarás que soy tonto e insensato pero al final nunca te molestaste en descubrir que vas dejando un vacío en mí cuando no estás. Quizás fue siempre un adiós presagiado nuestro primer beso o quizás ese beso nunca nos dejará un adiós. Quizás pasen los días y el viento sople cada vez más distante entre nosotros, pero quizás te quedes en mí, día a día, y no logre olvidar cada beso, cada noche, cada momento o cada sonrisa, o peor aún que nunca quiera olvidarlo y me vuelva, día a día, más preso de ti.

Voz

No he dicho nada, mantengo el silencio por transitividad … por omnipresencia. Si oyes algo no soy yo, te lo aseguro, es mi boca insensata exponiendo un desfile de palabras atolondradas, pero no yo … yo mantengo el silencio … expectante de que digas algo … que me entiendas … que me escuches … pero por más que te mire … que haga señales de humo de aquí hasta el infinito no las ves … no me escuchas … nada … no se ni para que me esfuerzo en tratar de decirte esto con todas mis fuerzas sino eres capaz de leer más allá de mis labios … y sus atolondradas palabras.

Incognita: Preludio

¿Quién es?

Fue esa pregunta el primer trote de la locura que se avecinaba, y aunque desde el mismo umbral intuí que era peligro … ¿cómo evitar aquella pregunta? ¿Cómo tragarme la curiosidad tan férrea que nació en mí al ver su mirada? … traviesa, inocente, soñadora … esa mirada encierra más de lo que deja ver … y querer descubrirlo me consumió por dentro.

Recuerdo perfectamente aquel día como si fuese hoy. Recuerdo como se deslizaba indiferente por la acera, su rostro tranquilo y serio pero a su vez infantil, su porte recto pero relajado y esa excelencia con la que fumaba aquel cigarrillo, la manera en que apoyaba lentamente el cigarrillo en sus gruesos labios, inhalaba y liberaba después con un suspiro; justo en ese momento sentí envidia de aquel cigarrillo y desde entonces quise sentir aquellos labios sobre mí.

En un instante nuestras miradas se cruzaron y no tardó en descubrir que le observaba, que le observaba descaradamente debo admitir. Mantuvimos aquella conexión por unos segundos quizás, tal vez un poco más, no lo recuerdo con exactitud, sin quererlo me perdí en sus ojos pardos y allí perdí la noción del tiempo, de mí y de todo lo que me rodeaba; hasta que desvió la mirada, hasta ese momento mis latidos fueron reclusos de su voluntad.

– ¿Me prestas para encender? – le pregunte con un poco de descaro

– Sí claro, un momento – y al ver de cerca su mirada empecé a descubrir otras formas que se escondían en ella. Le estudie mientras pude, la sonrisa tímida al responder y el gesto descuidado al ofrecerme su encendedor.

– ¿Me prestas también un cigarrillo? – y le sonreí, trate de ofrecerle lo mejor de mí en esa sonrisa y debe haber funcionado pues se sonrojó. – ¿Eres de por aquí?

– No, solo estoy de paso. Voy a reunirme con unos amigos.

Su tono de voz se notaba nervioso, temblaba levemente entre cada palabra. A mí se me antojaba caprichoso este juego, esta incertidumbre nata que nacía cuando le miraba, cuando mordía levemente mis labios para no terminar besando los suyos, me resultaba muy caprichoso y no podía evitarlo. Tomé suavemente su mano, sentí al instante como se ruborizaba y con una caricia logré la atención detallada de sus ojos pardos; y no desaproveché mi oportunidad, sabía que mis ojos azules eran hipnóticos y le tenía atrapado en ellos, no dude ni un segundo, me acerque sigilosamente ante su mirada sorprendida y le susurré justo antes de alcanzar mi objetivo…

– Me pareces interesante, demasiado interesante, lo suficiente para … – y sin más le besé, solo una pizca, lo suficiente para sentir el calor de sus labios, pero leve, solo un roce de nuestros labios crearía un sinfín de expectativas y dejaría abierta mis intenciones – ¿Cómo te llamas?

Tardó un momento en responder.

– … Me llamo Fabio … ¿Y usted?

– Yo soy Carla – sonreí – no me llames de usted que me haces sentir vieja – mi sonrisa pícara le contagió – y no lo soy.

– Disculpe usted…

– Y va de nuevo jajaja – reímos al unísono, instintivamente culpables de ese beso, presos del eslabón de acontecimientos que nos mantenía frente a frente – ¿Te volveré a ver?

Dudó un instante, luego un instante más hasta que lo interrumpí de sus pensamientos…

– Mañana a las 6 en este mismo lugar … ¿Te parece bien?

– Sí, sería estupendo – me respondió e inmediatamente fijo su mirada en el cigarrillo y el encendedor que mantenía como rehén en mi mano izquierda – ¿No lo vas a encender?

– Ahhh … ehhh … no – esta vez quien sonrió tímidamente fui yo – Te los devuelvo, la verdad es que no fumo … ¿Entonces hasta mañana?

– Hasta mañana entonces … nos vemos – y siguió su camino, lo observé detenidamente mientras se alejaba, me quedé observándolo un poco más hasta que lo perdí de vista … y ni una … ni una sola vez miró hacia atrás.

Incógnita

images

Ella reposa tranquilamente en la cama, su cuerpo desnudo yace boca abajo con la única excepción de sus piernas dobladas hacia arriba dibujando un arco con sus movimientos. Levanta la cabeza y su curiosa mirada se posa firmemente en mí. Miles de veces he tratado de entender el sinfín de pensamientos que deben estar fluyendo por sus entrañas … pero me rindo … es indescifrable …

– ¿Vienes a la cama? – pregunta en tono pícaro.

– Solo un momento.

Me acerco a ella … desnudo … la beso ferozmente en los labios y con mis manos aprieto cada parte de ella que tengo a mi alcance, primero lento, un tanto suave y poco a poco con más fuerza como si fuese a arrancarle un trozo de ella, de repente siento un pequeño reflejo de protesta bajo mis dedos, pero solo es eso, su cuerpo tiembla bajo mis manos.

– No te detengas – me pide en un hilo de voz.

Igual me detengo y la miro.

– Ya es hora- le digo y ella asiente consternada.

– Estas hecho todo un radio reloj, no podías dejar pasar el momento. – y un poco de furia se mezcla en su mirada.

– Las reglas son las reglas.

– Tú y tus reglas, ¿quién invento esas reglas?

– Fuiste tú, ¿o ya lo olvidas?

– Las reglas cambian, todo cambia, yo he cambiado por ti, solo para ti y quiero que tú también lo hagas.

– Nunca te pedí que cambiaras … ni pretendo cambiar por ti.

Definitivamente era furia lo que se avecinaba en su mirada, era como si sus ojos azules se turnaran a rojo y luego a azules de nuevo. Se levanta lentamente y empieza a buscar su ropa, cada vez más lento, como si intentara desafiar la hora límite tan bien fijada y acordada desde tiempos que ya ni recuerdo, acordada y fijada por ella, de eso sí estoy seguro.

– Se hace tarde.

– Sí, sí, sí, radio reloj, ya lo mencionaste hace tan solo unos segundos – dijo ferozmente aunque ya habían pasado varios minutos y ella era consciente de ello, lo hacía para desafiar … para desafiarme – ¿Te preocupa que ella llegue temprano? ¿Antes no te preocupaba tanto?

– Mucho antes ni siquiera existía ella – le recuerdo con rudeza y se le ensombrece el semblante.

– Es verdad … pero antes era diferente.

– Dirás que para ti … diferente para ti … ¿Ya estas lista?

– Sí, ¿un beso?

La beso en los labios con un beso desproporcionado, escalonado y sin barreras con todas mis fuerzas y ella responde con una furia aún más fuerte todavía, y por un momento, lo siento en mi piel, lo olvido todo, la hora, las reglas, el tiempo y casi … casi la olvido a ella … a la otra ella.

– ¿Mañana a la misma ahora?

– Sí, mañana – le confirmo.

– Te amo – me dice con ternura.

– Lo sé – y le abro la puerta …

Amar

– Creo que estoy enamorada

– ¿Enamorada? ¿Por qué?

– Es perfecto, maravilloso, está lleno de virtudes que amo mucho, no puedo encontrar defectos en él.

– ¿Ninguno?

– ¡Noo! ¡Es perfecto! … ¿No estás de acuerdo? … ¿Por qué me miras así?

– Amar … amar es complicado, quizás sea el algoritmo más encriptado de nuestras vidas, la respuesta más voluble a una misma pregunta. ¿Amar? ¿Amar plenamente a una persona? ¿Cómo definir algo tan espontáneo? No se ama por sus virtudes, se ama con sus defectos.